Una casa hogar puede ser un espacio de protección indispensable cuando una niña, niño o adolescente no puede permanecer con su familia. Pero el cuidado no se reduce a tener un techo, comida y un lugar para dormir. También necesita vínculos estables, escucha, acompañamiento emocional, atención a la salud, oportunidades para aprender y un plan que mire hacia el futuro.
El 21 de septiembre, Aldeas Infantiles SOS México presentó la campaña “Infancias Invisibles”, una iniciativa que busca poner en la conversación pública las condiciones en las que viven niñas, niños y adolescentes en Centros de Asistencia Social (CAS). La organización advierte que las estancias prolongadas, sin el acompañamiento adecuado, pueden afectar la salud física y mental, debilitar los vínculos socioafectivos y dificultar la transición a una vida adulta independiente.
La campaña no plantea que todos los CAS sean iguales ni desconoce el trabajo cotidiano de quienes cuidan. Su llamado es a elevar el estándar de protección: más supervisión, protocolos de salvaguarda infantil, recursos suficientes y servicios de calidad que incluyan atención nutricional, psicológica y psicopedagógica.

También recuerda algo esencial: el acogimiento residencial debe ser una medida de protección y no una respuesta definitiva. Siempre que sea posible y seguro, es importante trabajar para restituir el derecho de niñas, niños y adolescentes a vivir en familia. Esto puede implicar fortalecer a la familia de origen o extensa, evitar separaciones innecesarias entre hermanas y hermanos y preparar, con tiempo y acompañamiento, cada transición.
Para las casas hogar, la calidad del cuidado se construye todos los días. Está en conocer la historia y las necesidades de cada persona, respetar su voz, sostener relaciones de confianza, acompañar la escuela, la salud y la vida cotidiana, y preparar herramientas para la autonomía. No se trata solo de atender una urgencia; se trata de cuidar un proyecto de vida.
La campaña “Infancias Invisibles” abre una conversación necesaria para organizaciones, autoridades y sociedad: ¿qué condiciones hacen que un espacio de acogimiento sea realmente protector? La respuesta exige corresponsabilidad, recursos y una convicción clara: cada niña, niño y adolescente merece crecer con dignidad, afecto y oportunidades.
