Cuidar el entorno también es proteger a la niñez: UNICEF advierte sobre los riesgos climáticos en México

Alrededor del 90% de niñas, niños y adolescentes en México están expuestos a por lo menos dos riesgos climáticos simultáneos, de acuerdo con un nuevo estudio de UNICEF.

El entorno donde crece una niña o un niño influye en sus oportunidades para aprender, jugar y desarrollarse. Por eso, las conversaciones sobre cambio climático también necesitan considerar las condiciones de las escuelas, los espacios de cuidado y las comunidades.

En un comunicado publicado el 23 de octubre de 2026, UNICEF dio a conocer resultados del estudio La infancia y adolescencia frente al cambio climático en México. El organismo señaló que alrededor del 90% de niñas, niños y adolescentes del país están expuestos simultáneamente a por lo menos dos riesgos climáticos.

El análisis identifica consecuencias sobre la salud y la educación, así como desigualdades en la capacidad de las familias para enfrentar estos fenómenos. Entre sus recomendaciones se encuentran fortalecer los servicios esenciales e incorporar la participación infantil en las respuestas.

Cuando el entorno modifica la vida cotidiana

Para comprender la importancia de esta noticia, podemos pensar en situaciones cercanas: una jornada escolar que cambia por la lluvia, un espacio de juego que deja de utilizarse o una actividad que necesita reorganizarse por las condiciones del tiempo.

Desde la experiencia de una niña o un niño, estos cambios pueden despertar preguntas, frustración o incertidumbre. El acompañamiento requiere explicar lo que ocurre con palabras comprensibles y permitir que expresen cómo lo están viviendo.

Hablar del entorno puede convertirse en una oportunidad educativa. Observar los cambios del clima, conversar sobre el uso del agua o reconocer los espacios que necesitan cuidado permite relacionar un tema amplio con experiencias que la niñez conoce.

Una reflexión para los espacios de cuidado

En las casas hogar, esta conversación invita a revisar cómo se sostienen las actividades cotidianas cuando aparece una dificultad. ¿Quién comunica los cambios? ¿Cómo se explica una suspensión? ¿Qué alternativas de convivencia y aprendizaje pueden ofrecerse?

Son preguntas para orientar la organización y la escucha. Incluir a niñas, niños y adolescentes en estas conversaciones, de acuerdo con su edad, permite conocer necesidades que pueden pasar inadvertidas.

La responsabilidad de resolver los problemas ambientales corresponde a las personas adultas y a las instituciones. La participación infantil debe ofrecer oportunidades para expresarse y proponer, sin trasladarles esa carga.

Cuidar el entorno forma parte del compromiso con la niñez. Significa pensar en las condiciones que necesita para continuar su vida con seguridad, acompañamiento y oportunidades, incluso cuando las circunstancias obligan a cambiar la rutina.

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