La violencia de la delincuencia organizada en México genera miedo persistente para la niñez

Ante los incidentes registrados el pasado fin de semana en distintas regiones de México, UNICEF advierte que la violencia de la delincuencia organizada perjudica al bienestar y la salud mental de niñas, niños y adolescentes, aun cuando no se encuentren directamente en el sitio donde ocurren.

“Cada episodio de violencia del crimen organizado deja huellas profundas en la vida de niñas y niños, incluso cuando no están físicamente en el lugar de los hechos. El miedo persistente, la incertidumbre y la exposición constante a imágenes violentas pueden afectar su bienestar emocional, su aprendizaje y la manera en que entienden el mundo. No podemos permitir que crecer con miedo se vuelva parte normal de la infancia”, señaló Fernando, Representante de UNICEF en México.

Hallazgos preliminares de un estudio reciente de UNICEF y la UNAM sobre afectaciones de la violencia de la delincuencia organizada en la niñez muestran que episodios como los observados pueden generar miedo persistente, estrés tóxico, interrupciones educativas y pérdida temporal del uso seguro del espacio público. Además, la tensión comunitaria suele activar mecanismos de autoprotección —como el autoencierro o la suspensión de actividades recreativas— que, aunque buscan proteger, también restringen el ejercicio pleno de los derechos de la niñez.

Eventos de violencia de la delincuencia organizada suelen provocar cambios abruptos en la vida cotidiana, como cierres preventivos de escuelas, suspensión del transporte, restricciones de movilidad y alteraciones en el acceso a servicios básicos. Estas situaciones comprometen derechos esenciales, entre ellos el derecho a la educación, a la protección, a la salud física y mental y al juego.

Sin embargo, el impacto no se limita a quienes viven los hechos de manera directa. Un número significativo de niñas, niños y adolescentes está expuesto de forma recurrente a imágenes, noticias y conversaciones sobre violencia de la delincuencia organizada —incluyendo, en ocasiones, contenido manipulado o no verificado. Aunque no estén físicamente en el lugar de los hechos, esta exposición, combinada con la desinformación, puede contribuir a generar sensaciones de ansiedad, miedo e inseguridad, y favorecer que la violencia se perciba como una forma normal de resolver conflictos en la calle, en la escuela o incluso en el hogar.

La violencia de la delincuencia organizada también se expresa en formas especialmente graves, como el reclutamiento y utilización de niñas, niños y adolescentes por grupos delictivos, lo que compromete de manera directa su derecho a la protección y a un desarrollo pleno. De acuerdo con estimaciones de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), entre 145,000 y 250,000 niñas, niños y adolescentes en el país están en riesgo de ser reclutados.

Frente a este contexto, UNICEF hace un llamado a fortalecer las medidas de prevención, proteger los entornos escolares como espacios seguros, promover habilidades socioemocionales y avanzar en marcos legales que reconozcan y sancionen el reclutamiento y utilización de niñas, niños y adolescentes como delito específico, reforzando así su protección jurídica.

Asimismo, invita a familias y comunidades a escuchar activamente a niñas y niños, acompañar sus emociones y reforzar entornos seguros que promuevan la resolución pacífica de conflictos.

“Proteger a la niñez frente a la violencia empieza por nosotros, las personas adultas. Lo que toleramos, justificamos o normalizamos en la casa, en la calle y en nuestras comunidades moldea la manera en que niñas y niños aprenden a convivir. Si aceptamos la violencia como algo inevitable, la convertimos en herencia para la siguiente generación. Cuidar a la niñez implica actuar todos los días para construir entornos seguros, promover el diálogo y demostrar que los conflictos pueden resolverse sin violencia. Romper ese ciclo es una responsabilidad colectiva”, agregó Fernando, Representante de UNICEF en México.

UNICEF reitera su compromiso de seguir trabajando con autoridades, sociedad civil y comunidades para garantizar que cada niña y cada niño en México pueda crecer en un entorno seguro, libre de violencia y con oportunidades para desarrollar todo su potencial.

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